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sábado, 19 de junio de 2010

El hombre es resultado de lo que piensa

Todos conocemos y vivimos por experiencia personal el resultado de lo que pensamos. Si hemos acumulado opiniones positivas sobre nuestra propia vida, de seguro nuestra existencia fluirá en un ámbito de equilibrio y paz con nosotros mismos, y con quienes nos rodean. Al contrario si optamos por acumular creencias nefastas, negativas o carentes de amor propio, tengamos por seguro que de esa forma será el vivir que compartamos.
Lo mismo sucede con la vida de los pueblos. Si nos acostumbramos a la indiferencia, a la mentira, a creer todo lo que nos dicen los medios de comunicación o las falsas propagandas con la que nos bombardean, finalmente podemos terminar convencidos de grandes mentiras. No podemos basar nuestros criterios en reticentes mensajes que colman nuestros oídos y nuestros ojos. El ser humano verdaderamente libre fundamenta su ideología en criterios que obtiene luego de contrastar lo que le dicen, con la realidad en que vive.
Un ciudadano de pensamiento cabal no puede creer que vive en el país de las maravillas cuando a su alrededor hay pobreza, desempleo e inseguridad social. Evitemos pensar erróneamente bajo mentiras que nos inventan para engañarnos. No dejemos que intereses mezquinos de los grupos de poder distorsionen la verdad e impongan modelos de explotación o dominio que existen en otros países donde sus ciudadanos se dejaron engañar. La libre expresión y la democracia son bienes irrenunciables que no pueden ser manipulados por ningún gobierno. A pretexto de cambios o revoluciones, ciertos grupos minoritarios suelen tomar como bandera la defensa de la justicia o la libertad, pero en realidad estos sectores son los primeros tiranos y opresores del pueblo.
No podemos pensar que en un país exista justicia, si a cada momento se evidencian los privilegios desmesurados a favor de grupos estratégicos que permiten la permanencia de los gobernantes en el poder. No podemos creer que exista un gobierno limpio cuando las evidencias confirman la corrupción, el despilfarro de los bienes públicos, la intimidación en contra de quienes con fundamento se oponen a lo irracional. No necesitamos ser estadistas o expertos en economía para entender que vamos rumbo a una de la peores hecatombes económicas que ha sufrido nuestro país, unida ésta, a una descarada dictadura que quiere imponernos hasta lo que debemos pensar.
Somos resultado de lo que pensamos, así que conviene que pensemos con verdad para que no vivamos atrapados en un cuentecillo de hadas inventado por hábiles manipuladores, quienes a cuenta de la candidez de la gente, buscan perennizarse en el poder para así gozar de sus delicias, mientras que la mayoría de embobados compatriotas pueden llegar a creer que viven en un país de igualdad o justicia, al que se ha llegado gracias a una “revolución”.

Riobamba y sus primicias

La grandeza de un pueblo es proporcional a la grandeza del corazón y la mente de sus habitantes. La historia de los pueblos se asienta en derrotas y conquistas; en alegrías, pesares y remembranzas, que cimentadas en la euforia de sus habitantes pueden tornarse falsedades, que sin fundamento histórico laten en el imaginario colectivo. Al referirme a la grandeza de Riobamba, a sus Primicias u orgullos, es menester mirar la historia sin caer en la ingenuidad, porque por desgracia la emoción o el amor a la patria chica, puede conducirnos a procaces errores.
Nadie puede negar la majestuosidad de una ciudad como la nuestra, que emergió de venas puruhaes, luego en su denominación de Villa del Villar Don Pardo, posteriormente la altiva Villa de Riobamba y más tarde la ufana, Muy noble y muy leal San Pedro de Riobamba. Tierra de virtudes y gente noble que soñó con traspasar los murales del tiempo para dejar herencia, no de palabras, sino de obras que trascendieron para poder hoy ser citadas es esta breve aproximación.
La Iglesia de Balbanera, en los horizontes de la Laguna Colta, domina sobre sus bases de piedra, desde un 15 de agosto de 1534. Ella representa el primer templo levantado en nuestro suelo, así como una falsa paz que los españoles ofrecieron a nuestros aguerridos puruhaes, a quienes les dieron un Dios, y cambio, les arrancaron su libertad y sus tierras.
Con merecida razón, quiero citar entre las primicias riobambeñas, las figuras de tres conciudadanos que desde diversas perspectivas, dieron brillo a la tierra que los vio nacer y a merced de sus obras, se constituyeron en pioneros de acciones que enrumbaron el futuro de toda la nación:
Pedro Vicente Maldonado: Sabio, geógrafo, físico, matemático y geodésico. Reconocido por las altas esferas académicas de Europa y a quien debemos el trazo de caminos hacia la costa ecuatoriana. Su aporte a la Misión Geodésica francesa, que vino a nuestro país con el fin de medir el arco del meridiano terrestre, es la demostración de las capacidades del hombre de Riobamba y del Ecuador
De la pluma del Padre Juan de Velasco nace otra obra, que pese a sus detractores, ubica a este sacerdote como el primer historiador de nuestro país, con la obra: Historia del Reino de Quito. De la misma orden de los Jesuitas, aparece como otra gloria riobambeña la ilustre personalidad del Padre José de Orozco, Primer poeta épico de la Colonia con el poema “La conquista de Menorca”. Maldonado, Velasco y Orozco perennizaron así sus nombres, como glorias nacionales que elevaron la honra de la castellana Riobamba.
Bajo el paso del tiempo, y ya con los vientos de la libertad, la misma Sultana de los Andes se convierte en cuna de la democracia. Es el año de 1830, un 14 de agosto, donde el Primer Congreso Constituyente reunido en nuestra ciudad, elabora la Primera Constitución para la Patria Ecuatoriana. Fueron años de libertad, tiempos de hombres nobles que pretendían servir a la nación y no aprovecharse de ella. Pese a las falencias que pudo tener esta carta constitucional, queda de ella un legado de trasparencia, y no un emblema de fraude, podredumbre y desvergüenza, como el que nos ha legado este último gobierno con sus torcidas leyes.
Con el mismo sentimiento de amor a la libertad de expresión, a la comunicación libre que son condición para le existencia de pueblos altivos, los hermanos Carlos y Luis Cordovez, mediante la primera radiodifusora del Ecuador, Radio El Prado, insertan con luminosidad el nombre de Riobamba en los cielos de América. Tanto esta radio como la fábrica El Prado, también fundada por ellos, contribuyeron para que el trabajo, el folclore y los primeros retos de producción nacional, testimonien el alma visionaria de los riobambeños.
No puede faltar en los legados de la Sultana el culto al deporte; es así como el 14 de marzo de 1926 los límpidos cielos de esta preciosa urbe fueron testigos de la Primera Olimpiada Ecuatoriana. Bajo la dirección de su presidente, Don José María Falconí, varias disciplinas deportivas fueron practicadas. Chimborazo se corona como campeón olímpico de fútbol.
A más de los hechos que he citado, a Riobamba se le concede la gloria de ser iniciadora de otros legados nacionales que por cuestión de tiempo solo me permito mencionarlos: La primera ciudadela residencial: Bellavista. La Primera feria nacional agropecuaria, Los primeros carros de pasajeros a Quito y al Oriente ecuatoriano. Hechos que sin desmerecer su importancia, no deberían ser motivo de falso orgullo por ser acciones que no se han establecido con rigor histórico como una primicia.
De la misma manera se habla del 22 de octubre de 1976 como la primera insurgencia de la mujer ecuatoriana, acontecimiento, que si bien es cierto demuestra el alma combativa de la mujer de Riobamba y Chimborazo, de seguro no es el primero, porque la mujer ecuatoriana desde antes de la colonia, después de ella, en estos días y para el futuro, es símbolo de revolución y esperanza para todas las generaciones.
Ya en el año 2004, al celebrarse el cuarto centenario de la obra Cervantina, Riobamba se convierte en cuna de una real primicia, cuando por impulso de la empresa editorial Edipcentro, se pone a disposición de la colectividad, La primera Edición Ecuatoriana de la inmortal obra de Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha.
Varias ciudades o pueblos, desde su creación, parecen destinados a la grandeza. Riobamba se entreteje con una historia imponente; cuna de ilustres personajes, en medio de un mágico paisaje que al igual que la historia de su gente busca la perennidad en el tiempo. Mas la eternidad no se la consigue sobre el manto de la pasividad; La grandeza florece tras la fecunda siembra de fatigas y desatinos.
Ninguna ciudad puede dormir sobre los laureles de glorias muertas. Las primicias consolidan a Riobamba como ejemplo de trabajo creador. Mas no debemos anclarnos en lo que se fue porque eso corresponde a la historia, y si bien es cierto que el presente se nutre de las raíces del pasado, juzgo conveniente resaltar el trabajo actual de quienes dejando a un lado la sombra de inmortales figuras riobambeñas, buscan su espacio en la historia: No por vanidad ni presunción, sino por la única razón que motiva a los soñadores: Saber que la vida es ahora, y que la obligación trascendental de cada individuo es dejar huella de su existencia.
No permitamos que nuestra ciudad siga sumida en el fango al que la hemos condenado con nuestra apatía e indiferencia. Hoy Riobamba vive un milenio donde se conjugan nuevos retos, con nuevas generaciones y nuevos horizontes. Un momento trascendental donde no debemos tolerar la ineficacia o corrupción de autoridades foráneas que solo pretendan satisfacer sus ambiciones individuales en contra del progreso de nuestra tierra.
Vamos juntos con nueva mente y nuevo corazón, a crear la Riobamba que merecemos.