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sábado, 21 de abril de 2012

RIOBAMBA - Por: Rowny Pulgar Noboa



Nací en la tierra de milenarios montes
donde el eco del cóndor liberado
vibra vigoroso entre el glacial aliento.
Enrumbaron mi garganta: el rondador, el pasacalle, el yaraví;
la estrecha diez de agosto, la Merced, la Concepción.
En el iris de este niño fragmentado
se alarga el Neptuno de tridente roto
los ángeles derrotados
las piedras de calles taciturnas
el tren, la bohemia y la Estación.

Crecí y amé estos cielos de mirlo, tuna y colibrí;
cobijome el abuelo blanco con su nieve triangular
con su agua virginal, con su aroma de Delirio.
Capulíes empedraron mi niñez
junto al eco de la abuela mía
donde el descabezado galopaba misterioso
y el Luterano doblegaba su cerviz.

Entre candiles, estrellas y palabras
recorrí la villa de callejas divididas
el Cullca amargo pregonero de la muerte
el febrero de alaridos apagados.

Crecí con mi hermana la lluvia
aprendí las figuras del aire,
bebí quebradas, piedras, chaquiñanes,
leyendas puruhaes, rebeldía, desencanto.
Así brotaron granadillas en mis ojos
así llegaron raíces a mis venas
amor por tus primicias
telar incalculable de laureles eternos.

Riobamba:
la barca de los Andes
la esposa de los montes.
Tu nombre de mujer me inunda de ternura
acongojado y solo entre la modernidad absurda
entre politiqueros brujos que deshojan tu memoria
sin progreso, patrimonio, ni Custodia.

Riobamba:
no te quiero sepulcral, sola, enmarañada…
te quiero con sonido de campana
con frontera de cielo.
Te quiero con tu tránsito de agua
tu granero de constelaciones,
tu arena emplumada de jilgueros
y tu nupcial vientre fecundado de esperanza.

Riobamba mía:
eleva tus alas de paloma.
Sé el cóndor, la libertad,
hoguera blanca para mi Ecuador rendido
luminosa mano de Noviembre eterno,
abrileña espada para el tirano infernal.
Sé la esposa perdurable, la luz crepuscular,
el trigo manso de mis hijos y del mundo.