Todos conocemos y vivimos por experiencia personal el resultado de lo que pensamos. Si hemos acumulado opiniones positivas sobre nuestra propia vida, de seguro nuestra existencia fluirá en un ámbito de equilibrio y paz con nosotros mismos, y con quienes nos rodean. Al contrario si optamos por acumular creencias nefastas, negativas o carentes de amor propio, tengamos por seguro que de esa forma será el vivir que compartamos.
Lo mismo sucede con la vida de los pueblos. Si nos acostumbramos a la indiferencia, a la mentira, a creer todo lo que nos dicen los medios de comunicación o las falsas propagandas con la que nos bombardean, finalmente podemos terminar convencidos de grandes mentiras. No podemos basar nuestros criterios en reticentes mensajes que colman nuestros oídos y nuestros ojos. El ser humano verdaderamente libre fundamenta su ideología en criterios que obtiene luego de contrastar lo que le dicen, con la realidad en que vive.
Un ciudadano de pensamiento cabal no puede creer que vive en el país de las maravillas cuando a su alrededor hay pobreza, desempleo e inseguridad social. Evitemos pensar erróneamente bajo mentiras que nos inventan para engañarnos. No dejemos que intereses mezquinos de los grupos de poder distorsionen la verdad e impongan modelos de explotación o dominio que existen en otros países donde sus ciudadanos se dejaron engañar. La libre expresión y la democracia son bienes irrenunciables que no pueden ser manipulados por ningún gobierno. A pretexto de cambios o revoluciones, ciertos grupos minoritarios suelen tomar como bandera la defensa de la justicia o la libertad, pero en realidad estos sectores son los primeros tiranos y opresores del pueblo.
No podemos pensar que en un país exista justicia, si a cada momento se evidencian los privilegios desmesurados a favor de grupos estratégicos que permiten la permanencia de los gobernantes en el poder. No podemos creer que exista un gobierno limpio cuando las evidencias confirman la corrupción, el despilfarro de los bienes públicos, la intimidación en contra de quienes con fundamento se oponen a lo irracional. No necesitamos ser estadistas o expertos en economía para entender que vamos rumbo a una de la peores hecatombes económicas que ha sufrido nuestro país, unida ésta, a una descarada dictadura que quiere imponernos hasta lo que debemos pensar.
Somos resultado de lo que pensamos, así que conviene que pensemos con verdad para que no vivamos atrapados en un cuentecillo de hadas inventado por hábiles manipuladores, quienes a cuenta de la candidez de la gente, buscan perennizarse en el poder para así gozar de sus delicias, mientras que la mayoría de embobados compatriotas pueden llegar a creer que viven en un país de igualdad o justicia, al que se ha llegado gracias a una “revolución”.