El diccionario de la Real Academia de la Lengua define el término majadero como un adjetivo endosable para quien es necio o porfiado. Se conoce como necio a aquel ser ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. Estos epítetos, muchas veces usados sin formula de juicio podrían ubicar a muchos ciudadanos en la taxonomía de desconocedores del mundo; en seres retrógradas que no saben qué tierra pisan ni bajo qué sistema político o económico viven. En otras expresiones: unos profundos iletrados frente a la vida que poseen. Mas, como las palabras adquieren numerosas acepciones durante el uso que se dan de las mismas, podemos interpretar o recrear el significado y llegar a entenderlo desde otra perspectiva. Por ejemplo, en Ecuador el término majadero puede ser atribuido a todo aquel hombre o mujer inconforme con el escenario que vive. Ser majadero, como ecuatorianismo, significaría poseer un alto deseo de libertad, una necesidad apremiante por no enmudecer la conciencia frente a la corrupción que campea de manera “legal”. Un ecuatoriano majadero es quien no silencia su voz pese a la represión, a las amenazas, al insulto sin sentido, que cuando viene de parte de quien tiene el poder es justificado, pero cuando proviene del pueblo común es sinónimo de irreverencia u ofensa.
Y al parecer los majaderos ecuatorianos aumentan. En varias provincias y ciudades la majadería parece volverse una pandemia; tal vez su origen está en el uso razonado de la dignidad, en el preclaro cuestionamiento ante las peroratas, los discursos, las quiméricas propagandas que muestran imágenes que para nada tienen que ver con la existencia cierta que llevamos. ¿Los majaderos quizá tienen una alta visión para discernir los vocablos vanos que elogian la equidad y se contraponen en la práctica con acciones autoritarias o represivas? ¿Es usted majadero o majadera por expresar lo que piensa; por ser libre, autónomo o por no compartir las ideas de otros? Si la respuesta es afirmativa creo que una infinita serie de individuos podríamos autodenominarnos de esa forma; claro está, bajo el peligro de ser vapuleados, amedrentados o encarcelados.
Son incontables los majaderos que giraron la historia en favor de los pueblos. Viene a mi memoria el más grandioso de ellos: Un galileo cuestionador de leyes tiránicas, de hipocresías, de la mentira política que desangra al pueblo. Un majadero descomunal que desde una cruz se aferró a la verdad sin tirria ni represalia; sin intereses viles ni falacias. Visto así: ¿No sería un orgullo el que nos tilden de majaderos?