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jueves, 23 de marzo de 2017

La nación que anhelamos


A dos semanas de las elecciones presidenciales, la incertidumbre por el futuro del país es inevitable en toda la población ecuatoriana. No se trata del triunfo de un candidato determinado, sino de un distinto direccionamiento a la realidad que hoy atravesamos. Sin querer enviar dardos hacia algún partido político, basta mirar la cotidianidad para sentir como la crisis nos agobia. Aunque cifras y estadísticas afirmen que habitamos la tierra de los sueños, somos los ciudadanos comunes quienes sentimos como la inflación ha mermado nuestra capacidad adquisitiva. Es el pueblo quien de forma personal o por vínculos familiares percibe como el desempleo empuja hacia límites de desesperación. Somos los ciudadanos llanos quienes cohabitamos con jóvenes frustrados, desocupados, de alas rotas debido a la falta de accesibilidad a las universidades.

Somos los padres y madres de familia quienes vivimos al margen del subempleo o del empleo sobreexplotado y mal remunerado, so pena de perder el limitado ingreso y engrosar las filas de gente en edad productiva que pese a la preparación académica y la experiencia profesional no puede mantener su puesto laboral por no pertenecer a un entramado político o no estar dispuesta a coimear a sus corruptos empleadores. Somos los pobladores habituales quienes clamamos por una nación donde podamos vivir con aspiraciones hacia una mejor calidad de vida, sin que por esto nos etiqueten como pelucones por, en el mejor de los casos, contar con una vivienda, un auto hipotecado o un teléfono a pagar en cuotas.


Buscamos un país donde podamos trabajar seguros sobre la base de nuestra eficiencia, donde nuestra labor sea reconocida con un salario digno que permita proyectar un óptimo futuro para nuestros hijos. Queremos una tierra donde no cunda el miedo a expresar lo que sentimos, donde nuestra voz elevada en contra de los atropellos sociales o la tiranía del poder no sea rotulada como conspiradora o terrorista. Anhelamos un país que en verdad enfrente sus problemas internos con acciones que superen: la deficiencia educativa, el despilfarro estatal, la corrupción e impunidad de los dirigentes de las instituciones gubernamentales.


 No queremos un país de fantasía, una imagen falsa proyectada internacionalmente con el fin de mantener a un clan en el poder, mientras los elefantes blancos de los hospitales públicos evidencian la inoperatividad, la falta de medicina. Con urgencia esperamos que cesen las rivalidades infundadas, que se revierta el veneno inoculado en la última década para avivar populismos que engendran odio y división. Ecuador requiere de una nueva era de unidad, trabajo y honestidad. 

Publicado en Diario Regional "Los Andes". Lunes 20 de marzo de 2017 

jueves, 23 de febrero de 2017

Lecciones del pueblo


Luego de la intensa jornada electoral vivida durante esta semana en el Ecuador, son muchas las lecciones que el común del pueblo deja para generaciones presentes y venideras. El acto de unidad demostrado en las calles por parte de gente libre de afiliación política o interés individual llevó a que muchos habitantes se unan para elevar su voz, no por uno u otro candidato sino por la transparencia, la equidad y la legalidad que deben ser características de una verdadera democracia. 

Eso nos lleva a creer que ya no somos un pueblo ideológicamente incipiente, hemos madurado como nación y como individuos. En nosotros ha nacido una actitud crítica frente a las realidades que observamos, lo cual nos catapulta a ser actores de un cambio, a ser entes participativos en la construcción de la comunidad en donde nos desarrollamos, a diferencia de pasadas décadas donde, por lo general, reinaba la indiferencia y el miedo de expresarnos. Hoy descubrimos como la comunicación globalizada nos lleva a decidir frente a las circunstancias. La oleada de datos recibidos a través de las redes sociales nos ha permitido juzgar, argumentar y participar sobre nuestro propio pensamiento. En una gran mayoría, ya no somos mentes direccionadas o manipulables; podemos ser autónomos a la hora de actuar por nuestras convicciones. En muchos casos hemos asumido un compromiso personal a favor de nuestro país a quien debemos amor y lealtad. 

Frente al escenario político, que ya está desatado, nos convocamos a seguir en el camino del riguroso celador que se mantiene erguido frente a la intolerancia, el fraude, la mentira inocultable. Hoy más que nunca, el pueblo es el propio cronista de sus hechos. Fotografías, videos, testimonios alejados de la sumisión partidista, develan el comportamiento de un pueblo que no quiere vivir bajo la guadaña de la ignorancia ni la servidumbre. Nos perfilamos hacia una era de libertad de expresión, de trabajo conjunto, donde no importa el candidato o la tienda política sino el progreso de esta nación que, hasta donde la observamos, se halla en la bancarrota y el extremo endeudamiento.  

Necesitamos el apoyo y el trabajo honesto de todos los sectores de la comunidad, de la inteligencia, la honradez y el patriotismo de cada ecuatoriano porque Ecuador no es un latifundio de ningún grupo de poder. Al llamar a la concertación, invocamos a la unidad, anhelamos despojarnos de odios infundados que nos dividen y enfrentan en disputas que nos encadenan al subdesarrollo económico y social. Aspiramos a vivir en una sociedad donde no reine la violencia por parte de los gobernantes quienes desde su poder oprimen y amedrentan a sus mandantes hasta convertirlos en lacayos sin voluntad. Al frente de la Patria, queremos un pueblo participativo no una horda de secuaces que entre sí embozan actos de corrupción visibles hasta para el mayor de los mentecatos. 

Finalmente la lección más importante de este pueblo está arrimada a la esperanza por mejores días. Nuestras generaciones venideras, aunque ya endeudadas por preventas, deudas mal adquiridas u obscuros negociados, requieren de una  dosis de fe en sus actores políticos a quienes no quisiéramos mirar como lobos hambrientos de poder o de riqueza. Requerimos de reales líderes que enfrenten la pobreza, el desempleo, el estancamiento económico. Demandamos un nuevo Estado, una nueva casta política que defienda el interés nacional y no su codicia.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Vivir con miedo



El miedo es una condición innata de la naturaleza humana; es una emoción que puede tener origen imaginario o basarse en un hecho auténtico que nos confronta ante un peligro o cierta forma de incertidumbre. Toda persona, bajo alguna circunstancia ha sentido esta intensa agitación  que en la mayoría de los casos se desvanece y se cuelga en el olvido. Pero existe una forma de miedo que es endémica y en extremo peligrosa; un miedo que ronda por calles, parques, oficinas; que se cola en el lecho a mitad de la noche para robarnos  el sueño o que se arrima en buses, estaciones, universidades o en cualquier lugar a donde concurramos. Me refiero al miedo social, ese tipo de miedo producto de la inseguridad en que se hunden todos los habitantes de una colectividad cuando a su alrededor cunde la delincuencia, la falta de trabajo, la inestabilidad laboral, la falta de garantías constitucionales y más derechos que siendo responsabilidad de un Estado o Gobierno, quedan arrinconados tras intereses sectarios.  

Lilian Tintori, esposa del líder de la oposición venezolana, Leopoldo López, en el programa Conclusiones, trasmitido por CNN, al responder a su entrevistador, habló de una Venezuela que vive con miedo, hablo de un país donde sus habitantes han perdido todo espacio de seguridad debido a la represión de la que son víctimas por parte de un gobierno que ante todo el mundo se ha develado abiertamente como represivo, torturador y atropellador de los derechos humanos. Venezuela es uno de los principales países productores de petróleo, un pueblo que por lógica debería vivir con altos estándares de calidad económica, social y política, pero gracias a lo poco que logramos visualizar en las redes sociales, que no son censuradas o restringidas, vemos un pueblo hundido en la debacle, en el caos, en el odio y la confrontación; vemos una nación dividida y al borde de un enfrentamiento fratricida producto de una ideología gubernamental que ha engendrado separatismo y rencores. 

Las necesarias interrogantes que surgen a partir de esta realidad venezolana son: ¿En Ecuador también ya se ha instaurado el miedo? ¿Los ecuatorianos podemos caminar libremente por las calles, expresar nuestras opiniones, manifestar nuestras inconformidades políticas? o ¿nos sentimos amordazados, intimidados ante el hecho de cometer algún “desatino” antigubernamental y terminar siendo víctimas de un juicio, una dolosa multa o una humillante rectificación por lo que hayamos manifestado, escrito o graficado?

Los ecuatorianos, ¿podemos recorrer nuestro admirable país sin recelo de ser víctimas de un robo o secuestro? ¿Podemos ingresar a una institución de educación superior para acceder a una profesión acorde a nuestras aptitudes, u obtener un empleo que nos dote de un salario que cubra las necesidades básicas? ¿Podemos afirmar que vivimos en un clima de libertad, de igualdad y tolerancia o somos una nación amedrentada en donde el miedo, ese maldito miedo nos lleva a conformarnos con una realidad que no queremos?  

lunes, 20 de agosto de 2012

Más circo para el pueblo


En la antigua Roma, el poeta Juvenal, en su sátira X escribió en uno de sus versos una expresión bastante difundida que manifiesta: “Panem et circenses”. Esta frase que significa pan y circo, hacía alusión a la costumbre de los emperadores romanos de regalar trigo o entradas al legendario circo romano para así distraer la atención del pueblo de los cruciales problemas sociales o conflictos políticos que azuzaban en su momento. El controversial asilo diplomático otorgado por Ecuador en favor del australiano Julián Assange, fundador de WikiLeaks ha captado la atención de la prensa mundial y ha colmado los espacios de comunicación local. Las desorbitadas razones expuestas de una y otra parte de los implicados aíslan los claro juicios de la diplomacia internacional al punto de tornarse en un juego de insensateces.


En nuestro país han quedado en el olvido el caso de las firmas falsas, el tema de la delincuencia, que nos aniquila silenciosamente, el desempleo, la inflación, entre otros aspectos trascendentales para la buena marcha de la nación. Y a propósito del pan, que hace alusión la expresión latina, al menos en aquella época el trigo era regalado o vendido a bajo precio. Hoy este insumo, esencial en nuestra dieta diaria, experimentó el alza en su precio y a nadie pareció importarle; por tanto, de la máxima de Juvenal, apenas nos queda el circo de un conflicto que crea fantasmas en donde nada existe y que ofusca al ingenuo pueblo con la trampa de las luchas sociales y da espacio para que algunos políticos miren en el suceso la oportunidad para supuestamente enfrentar al imperio, tornarse en superhéroes defensores de la justicia, la soberanía, la libertad de los pueblos oprimidos, adalides de una confrontación que a nada bueno nos llevará y adjudicarse así la votación de extraviados ciudadanos que aún deliran con un fracasado socialismo o se encandilan con la malignidad de las palabras falsas.

Así de esquizofrénica es nuestra Latinoamérica y en concreto mi querido Ecuador con su cuestionado historial de denuncias respecto a la libertad de expresión y que hoy mediante el apoderamiento de la figura de Assange pretende borrar los desatinos en contra de tantos otros periodistas y medios de comunicación. Entiendo que es la integridad de un ser humano la que está en juego y defenderla debe ser un compromiso universal, pero también no podemos utilizar a ese mismo individuo para fines insanos o políticos. La diplomacia tiene varios caminos que pudieron abrirse para resolver el impase pero se vuelve notorio el interés por generar un grotesco espectáculo que oculta protervas intenciones.  

domingo, 20 de mayo de 2012

UN BRILLANTE ECONOMISTA

El otro día, a manera de broma, se me ocurrió manifestar a un niño de nueve años, que estaba sentado junto a mí, una pregunta un tanto absurda, según yo; Le dije: ¿Qué piensas de la situación económica de nuestro país? El pequeño tornó su faz severa, caviló un momento, aclaró la voz y dijo: “Yo creo que en nuestro país todo está mal; las cosas están muy caras; yo compraba antes unas empanaditas a diez centavos, hoy cuestan quince, son más pequeñas y ya no son tan ricas como antes”. Una respuesta al parecer trivial, pero que refleja las reales condiciones sobre lo que sucede hoy en nuestro Ecuador. No creo necesario ser economista o analista financiero para percibir la crisis económica en la que estamos sumergidos. A pesar de las múltiples campañas que publicitan a nuestro país como la tierra de las maravillas, sin Alicia porque ella detesta la politiquería; somos el pueblo común quienes sentimos la presión, el esfuerzo por sobrevivir en un medio donde cada día se pierde la capacidad adquisitiva, donde la inestabilidad laboral es un fantasma que ronda para engendrar angustia ante un futuro incierto. Somos los simples ciudadanos: los que caminamos por los mercados, los que fiamos en las tiendas, los que tenemos que alimentar y solventar el estudio, vestuario y salud de nuestros hijos, quienes sentimos que los canales de desarrollo económico del Ecuador marchan a ritmo de cangrejo. A pesar de los cuadros estadísticos, el promedio porcentual o el rimbombante informe a la nación que cuenta en números una mejora en el nivel de vida de nuestra gente, los cierto es que nos encaminamos al barranco de la miseria. Como pueblo nos interesa la seguridad económica del país, la certeza de hallar trabajo si lo buscamos y la garantía de que más tarde nuestros hijos logren afianzarse con un título universitario, pero sobretodo que ese título no quede en un rincón porque sencillamente no existen fuentes de empleo. Nos guste o no, nuestro Estado por sí solo no puede generar producción, necesitamos del aporte de la empresa privada a la que hay que incentivar para que se desarrolle y no oprimirla para que cierre sus puertas y se vaya. Nos guste o no, somos un país capitalista, dependemos de este sistema; soñar con socialismos, aunque lo llamemos del Siglo XXI, para quitarle lo viejo, fracasado e inútil no tiene sentido. No podemos seguir entre bonos, subsidios o remiendos económicos, no podemos y no debemos seguir una política mercantil que descarte el roce con las grandes potencias financieras; es a ellas justamente a quienes debemos venderles y con quienes debemos negociar, aunque sean clientes de poco agrado. ¡Nada ganamos comerciando ni haciendo pactos comerciales entre mendigos! Escudarse en el discurso de “igualdad para todos” es la gran mentira de toda clase de poder que busca mantenerse en el gobierno para satisfacer sus mezquindades a costa del sacrificio de la mayoría; es decir siempre existirán gobernantes acomodados, libres de austeridad, repletos de privilegios, que gocen el beneficio de su puesto y por otra parte siempre estará la gran masa de los de abajo, los que anhelan que sus mandatarios sean visionarios, de sentido común, honestos en el actuar para no terminar en la ruina, que obviamente no perjudica a ellos, porque sabemos que los que están arriba, así como las aves, de cualquier manera emprenderán el vuelo, pero a su paso echarán su inmundicia a quienes estamos abajo.

sábado, 28 de mayo de 2011

Vienen más impuestos

La redundante propaganda del gobierno ecuatoriano de autoproclamarse defensor de las clases marginales, de lucir ante las cámaras como un Estado que piensa en el bienestar de todos los sectores poblacionales de la nación, parece venirse abajo cuando se anuncia una nueva oleada de impuestos que al fin de cuentas termina pagando el mismo pueblo. En otras palabras, el gobierno de la Revolución ciudadana siente el peso de sus desaciertos económicos y al parecer no le queda otra opción que echar mano de la escuálida ciudadanía ecuatoriana para seguir solventando sus desatinos.
El panorama se complica cuando los impuestos se orientan al parque automotor, patrimonio y necesidad de una inmensa mayoría de ecuatorianos. El cobro de IVA para medicinas, un porcentaje para llamadas celulares y otras acciones tributarias, son elementos que atentan directamente contra el bolsillo popular. Muchos argumentan que es preciso crear una conciencia tributaria, pero por otra parte son los mismos voceadores de tributos quienes, pese a las grandes recaudaciones que ha tenido el SRI en los últimos años, no han demostrado de forma eficiente en dónde o cómo se emplea el recurso económico de los ciudadanos.
Todos conocemos sobre el requerimiento de tributación que tiene un país como medio para mantener y satisfacer necesidades vitales como educación, salud, vialidad, entre otras. Pero, cuando vemos que en la existencia real, estas apenas son una cortina para justificar otros gastos innecesarios o excesivos, entonces sentimos el desasosiego de contribuir con el gran esfuerzo de nuestras escuálidas economías a un proyecto que nos condena a la miseria y al hambre. Como ecuatorianos podríamos, tal vez, sentirnos dichosos; de seguro arrimaríamos el hombro si viésemos que nuestros impuestos contribuyen a mejorar la calidad de vida de todos, pero al contrario, si observamos cómo estos recursos se despilfarran en millonarias campañas publicitarias por mantener el poder y la imagen del mismo, si vemos esfumarse capitales en paseos itinerantes de un gabinete que se suma cada sábado a vocinglerías fatuas que no aportan en nada a la Patria. Si notamos como el tesoro nacional se pierde irremediablemente en una serie de políticas paternalistas que fomentan la vagancia, la desocupación y no generan empleo o producción, entonces sí estamos en la postura de exigir que no agiganten más nuestra crisis, que no nos exploten, que no sigan abusando de nosotros.
El país ha vivido una época de bonaza petrolera, la recaudación de tributos ha sido rígida y hasta severa, pero el clima nacional no cambia, seguimos pobres, hiper endeudados y más acorralados para crecer económicamente. ¿Qué se ha hecho con el dinero de los ecuatorianos?

sábado, 30 de abril de 2011

¿Es usted un majadero?

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define el término majadero como un adjetivo endosable para quien es necio o porfiado. Se conoce como necio a aquel ser ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. Estos epítetos, muchas veces usados sin formula de juicio podrían ubicar a muchos ciudadanos en la taxonomía de desconocedores del mundo; en seres retrógradas que no saben qué tierra pisan ni bajo qué sistema político o económico viven. En otras expresiones: unos profundos iletrados frente a la vida que poseen. Mas, como las palabras adquieren numerosas acepciones durante el uso que se dan de las mismas, podemos interpretar o recrear el significado y llegar a entenderlo desde otra perspectiva. Por ejemplo, en Ecuador el término majadero puede ser atribuido a todo aquel hombre o mujer inconforme con el escenario que vive. Ser majadero, como ecuatorianismo, significaría poseer un alto deseo de libertad, una necesidad apremiante por no enmudecer la conciencia frente a la corrupción que campea de manera “legal”. Un ecuatoriano majadero es quien no silencia su voz pese a la represión, a las amenazas, al insulto sin sentido, que cuando viene de parte de quien tiene el poder es justificado, pero cuando proviene del pueblo común es sinónimo de irreverencia u ofensa.
Y al parecer los majaderos ecuatorianos aumentan. En varias provincias y ciudades la majadería parece volverse una pandemia; tal vez su origen está en el uso razonado de la dignidad, en el preclaro cuestionamiento ante las peroratas, los discursos, las quiméricas propagandas que muestran imágenes que para nada tienen que ver con la existencia cierta que llevamos. ¿Los majaderos quizá tienen una alta visión para discernir los vocablos vanos que elogian la equidad y se contraponen en la práctica con acciones autoritarias o represivas? ¿Es usted majadero o majadera por expresar lo que piensa; por ser libre, autónomo o por no compartir las ideas de otros? Si la respuesta es afirmativa creo que una infinita serie de individuos podríamos autodenominarnos de esa forma; claro está, bajo el peligro de ser vapuleados, amedrentados o encarcelados.
Son incontables los majaderos que giraron la historia en favor de los pueblos. Viene a mi memoria el más grandioso de ellos: Un galileo cuestionador de leyes tiránicas, de hipocresías, de la mentira política que desangra al pueblo. Un majadero descomunal que desde una cruz se aferró a la verdad sin tirria ni represalia; sin intereses viles ni falacias. Visto así: ¿No sería un orgullo el que nos tilden de majaderos?

domingo, 27 de febrero de 2011

La Patria y su bandera

Nombrar a la Patria, es nombrar las costumbres, los trabajos, los sueños e ideales que forjan la grandeza de un pueblo. Nombrar a la Patria es volver la mirada hacia hombres y mujeres que desde el inicio de su existencia lucharon por crear un espacio donde sus hijos e hijas puedan vivir con paz y libertad.

La Patria está presente en la Bandera. Emblema de estirpe y tradición; cofre de recuerdos y hazañas gloriosas. Fortaleza de los libertadores que victoriosos pasearon por las cumbres del Pichincha. La Bandera es el alma de la Patria. Es la compañera del soldado, del estudiante, del obrero, del migrante.

Como ecuatorianos exaltamos nuestra Bandera en aquel tricolor que avivó los ojos de inmortales héroes o que lució fecunda en episodios como los de Paquisha y el Cenepa. Mas, como los tiempos cambian, hoy ya no tenemos un enemigo bélico. Tenemos un adversario más implacable: un invasor que desde la red o desde todo medio de comunicación, nos ataca a través de una publicidad descarnada que nos impulsa al consumismo, al relativismo moral, a la deshumanización. Ya no buscan quitarnos nuestro suelo. Pretenden arrancarnos los ideales y la conciencia. Por ello, no quiero estancarme en el pasado glorioso de nuestra nación. ¡Que los muertos velen a sus muertos! Exaltemos a la Patria y a la Bandera de este siglo XXI, donde requerimos el real patriotismo de todos. No un patriotismo barato que se limite a peroratas demagógicas, sino un patriotismo auténtico, donde cada uno piense que sus actos buenos agigantan la sociedad, así como las acciones negativas la empequeñecen.

A pesar del cruento influjo de la globalización, no cambiemos nuestra cultura. No olvidemos nuestra esencia de ecuatorianos y latinoamericanos. No nos dejemos arrastrar por el influjo de otras culturas. No porque pretenda juzgarlas como buenas o malas. Simplemente, porque lo nuestro debe ser primero. Y eso es el patriotismo. Amar la Patria con todas sus bondades y defectos.

Es el momento de tornarnos héroes. No para morir, sino para luchar por nuestra tierra. Utilicemos la inteligencia, el ingenio, la educación para hallar alternativas para nuestros hogares o nuestras vidas. Defendamos a nuestras familias de los males sociales que la empujan a su exterminio. Dejemos que ese amarillo azul y rojo flamee libremente en nuestras ventanas y no tenga que esconderse en los corazones de quienes creen que nuestra nación no sirve.

Si ciertos sectores de nuestra clase política, empresarial, sindical y burocrática ha sido traidora de su propia tierra, nosotros demostremos que sí podemos ser honestos constructores de la Patria. Que ellos sirvan a sus podridas almas. Nosotros serviremos, a nuestros hijos y a nuestras conciencias

lunes, 27 de diciembre de 2010

Las carreteras de la muerte

Se han tornado tan cotidianas las noticias sobre accidentes de tránsito en nuestro país, que a la larga vamos a considerar que son parte común de la información diaria. Las continuas tragedias en las carreteras ecuatorianas son la palpable evidencia de una sociedad que no puede ser reglamentada ni con leyes ni amenazas. El problema se da en el bajo nivel cultural de quienes al frente de un volante, no entienden que son seres humanos a los que trasportan, y no animales de carga o paquetes. No es que busque censurar a los señores choferes pero sus acciones rayan en actos de criminalidad cuando pisan el acelerador a fondo y se creen pilotos de fórmula uno; peor aún cuando repletan sus unidades de pasajeros, a sabiendas que el automotor ni siquiera cuenta con las garantías mecánicas para el efecto. Los accidentes que enlutan a nuestras carreteras demuestran que el ámbito de los conductores está plagado de gente irresponsable, lo que nos lleva a creer que a lo mejor sus licencias fueron mal adquiridas o se hicieron choferes porque no podían aspirar a otra ocupación.

El chofer de una unidad de transporte no debe ser únicamente un hombre entendido en llantas o tuercas. Tampoco puede ser un energúmeno que ante el justo reclamo de los pasajeros reaccione como un desbocado orangután e intente agredir a sus interlocutores. Menos un patán de primera línea que no tenga la menor consideración por niños o ancianos. La capacitación para los profesionales del volante debería partir de una seria evaluación sicológica que garantice que el futuro conductor posea una férrea estabilidad emocional, sentido de respeto a la vida, valores de honestidad y obviamente las habilidades necesarias para la conducción.

Pero al parecer nada de lo anterior se tiene en los encargados de la trasportación porque las muertes por accidentes aumentan de manera indiscriminada y ante los desencajados ojos de las autoridades que no atinan qué hacer, crecen los huérfanos, las viudas y los familiares que lloran el deceso de los infortunados que se embarcaron en una de las muchísimas unidades de la muerte que tiene nuestra red de transportación. Ya no se puede tolerar este sistema en nuestro país. Alejándose de toda corrupción, las autoridades de tránsito deben iniciar una depuración total de los choferes que operan las distintas unidades y si es el caso a muchos de ellos expulsarlos o iniciarlos en un sistema de educación personalizada que tienda a superar sus limitaciones culturales y su nivel de ignorancia que es la causa para tanto accidente.

El problema vital no está en el estado de las unidades ni en las leyes, se debe formar una nueva generación de profesionales del volante con otros parámetros de profesionalización y otras exigencias legales para así evitar que nuestras carreteras estén en manos de desalmados que sigan provocando destrucción y muerte.

sábado, 2 de octubre de 2010

Los frutos del odio

A nadie debería sorprender lo vivido en el Ecuador en los últimos días. La sublevación policial, el enfrenamiento armado de pueblo contra pueblo, las agresiones entre civiles, la dolorosa muerte de compatriotas que perdieron sus vidas de la manera más absurda, entre otros penosos eventos, son el resultado de lo que a nivel político e ideológico se ha sembrado en los años de gobierno del Señor Correa. Ha sido la crónica de una revuelta anunciada. Todos en el país sabíamos que tarde o temprano se iban a presentar sucesos como los ocurridos, porque es lógico que un pueblo que se siente irrespetado, inseguro o intimidado, en cualquier momento reacciona de la manera más primaria, como ocurrió el pasado jueves.
Aunque se trate de una sentencia demasiado corriente, se dice que: “Quien siembra vientos cosecha tempestades” y es obvio que este trágico enfrentamiento civil es el resultado de todas las maniobras que el gobierno empleó para desunir a la población de nuestro país. El inocente calificativo de “pelucones”, las imparables acusaciones a todo grupo que opine en contra del aparato estatal, la manipulación de los otros poderes del Estado, la instauración de los llamados Comités de Defensa, el atropello al periodismo independiente, son acciones que generan desconfianza, separación y pugna entre compatriotas.
Nuestro Señor Presidente denunció a los cuatro vientos las acciones donde fue vejado. Una real tristeza, porque ningún ser humano se merece este tipo de trato, pero a la vez un profundo sentimiento de impotencia para miles de ecuatorianos que no podemos denunciar ante nadie todos los agravios de los que somos víctimas. A nosotros también nos agreden cada sábado aquellas cadenas radiales saturadas de acusaciones y amenazas. Somos maltratados sicológicamente con innumerables propagandas y enlaces del gobierno que irrespetan nuestra armonía y nos fustigan a creer en lo que presentan. Ante la falta de seguridad en el empleo y la economía vivimos intimidados sin saber cuál será el mañana para nuestras familias y nuestros bolsillos. Somos una población que sobrevive con el pánico de en cualquier momento ser asaltados o asesinados en una calle o en nuestras propias casas porque hoy la delincuencia, gracias a las leyes que tenemos, se siente segura para delinquir.
Espero que esta sonada no sea pretexto para acrecentar radicales odios. Que ese “No habrá perdón ni olvido”, no sea bandera para separar más a la ya desunida población ecuatoriana. Por el bien de todos anhelamos que la experiencia vivida sea motivo para corregir rumbos a favor del diálogo, la concertación, la libertad y la tolerancia. Sólo así podríamos afirmar que vivimos en democracia.

Ha perdido la Patria

Luego de los escabrosos acontecimientos de esta semana, donde los elementos policiales trocaron la mediana calma de los ecuatorianos, se elevan infinidad de comentarios que proclaman un triunfo para la democracia. En un enfrentamiento de pueblo contra pueblo no se puede declarar victoria para nadie, todos quienes formamos el Ecuador hemos perdido la poca unidad que nos restaba y ahora nos colocamos de cara a un futuro colmado de incertidumbre.
Los enfrentamientos entre conciudadanos no solo debilitan un denominado sistema democrático sino que corroen las estructuras morales de cualquier pueblo. Cuando se pierde el sentido de respeto entre los habitantes de una nación, cuando unos a otros se agreden tras banderas ideológicas que no respetan el derecho y la razón, sólo queda afirmar que somos una sociedad camino al barranco de la anarquía. El cruce de balas entre policías y militares en plena zona residencial de Quito, los improperios, golpes y retos entre ciudadanos civiles nos muestran ante el mundo como un pueblo dividido, pero lo más preocupante es que a nivel interno producen profundas heridas que a futuro pueden abrirse y provocar oleadas de violencia mayores a las que vivimos.
A nivel nacional e internacional se festeja un supuesto triunfo, pero nadie dice que se perdieron valiosas vidas. Es que para un gobierno no importan los individuos sino el hecho de conservar el poder; entre vítores y abrazos los políticos gobiernistas se sienten victoriosos, pero ni siquiera meditan en lo que estaban a punto de provocar. La irresponsable convocatoria de gente que acudió a la Plaza de la Independencia con carteles, banderas y proclamas evidencia que jamás se pensó en la seguridad o la vida de esos incautos ciudadanos, porque el fin supremo era no perder el mando y crear un seudo escenario de incondicional apoyo para la figura presidencial. He aquí la evidencia de que los gobernantes consideran al pueblo como carne de cañón a la que hay que poner al frente para salvaguardar sus intereses. En otros términos se pierde el sentido de respeto por la vida de los conciudadanos a favor no de una democracia sino de un grupo de personas.
El desboque delincuencial observado en las calles; la imagen de nuestro Presidente, ubicado en una ventana, incitando al pueblo a que lo mate, ubica a nuestro país en un plano de barbarie que de seguro motivará a que en el mundo se crea que Ecuador es un territorio asolado por el crimen, aunque muy lejos no estamos de esto, pero de seguro para muchos empresarios, inversionistas, turistas y más, estas acciones serán punto de meditación para decidirse o no por nuestra “Isla de paz”.

sábado, 4 de septiembre de 2010

El fantasma de la migración

La masacre en Tamaulipas, la sola, pero aterradora idea de un joven ecuatoriano herido, que caminó varios kilómetros en busca de ayuda para salvar su vida, revive un problema que a nivel mundial es motivo para múltiples crueldades, así como inescrupulosos negocios donde se atropella toda dignidad humana. El tráfico de personas, el cruce ilegal de fronteras, son realidades ocultas y hasta cierto punto aceptadas como una necesidad a la que voluntariamente se recurre por distintas causas.
Son muchos los factores que desencadenan esta problemática y quizá contados los países que pudieran sentirse exentos de ella, pero son las naciones pobres las que más sufren sus embates. La baja calidad de vida que ofrecen los pueblos subdesarrollados motiva a que su gente abandone la tierra para de manera insegura ingresar a economías fuertes donde cierran un ciclo de discriminación y explotación.
Latinoamérica sufre este fenómeno desde diversas perspectivas: el desempleo, la pobreza, la violencia de las ciudades, la intolerancia hacia los derechos humanos, la falta de garantías para la libre expresión o la libertad, han empujado a los latinoamericanos hacia un imparable éxodo. Aquí no solo es la crisis económica la que induce a la migración: Cuba con su salvaje dictadura, con su teatral e impúdico socialismo, ha propiciado la muerte de incontables cubanos quienes prefieren un mar infestado de tiburones, antes que un aborrecible monarca que todavía se resiste a morir. Colombia se desangra por la violencia de grupos mafiosos, quienes ahora son vistos con benevolencia por ciertos mandatarios de la región que llegan a hablar de estos criminales como “héroes revolucionarios” e incluso los amparan con leyes u omisiones que permiten su cómoda estadía fuera de sus fronteras.
Ecuador va en buen camino para conjugar esos dos factores de Cuba y Colombia, sumamos a ello el alto índice de desempleo que a pesar de las cifras oficiales sigue en notable aumento. Consecuencia de esto coexistimos con un azote delincuencial nunca antes vivido en la historia patria. Por tanto, la incertidumbre en el trabajo, el miedo para salir a las calles, el estancamiento económico del país, incluso la represión en contra de la expresión libre hacen que las generaciones adultas vivamos en total inconformidad, pero de seguro estas razones son y serán el detonante para que, como ya se ve, sean la generaciones jóvenes las que sigan tratando de huir de este escenario, con el anhelo de hallar un mejor modo de vida lejos de su Patria.

jueves, 22 de abril de 2010

Tras las huellas del ferrocarril

He visto al gigante de vapor levantarse imponente sobre escarpados parajes de la serranía. Lo he visto correr firme y elegante entre el aire tropical, entre pueblos que se volvían mágicos al toque de su silbato. No era solo el tren: era la algarabía, el alboroto, el pan, la esperanza; todo un cúmulo de emociones o de sueños que se volvían ciertos en cada estación donde la locomotora tejía la vida misma.
He visto al anciano tren arrastrarse pesadamente sobre durmientes y rieles enfermos de desidia. Y lo he visto arrimado con su metálica coraza al fondo de una estación donde ya no jugaban niños. Lo he visto entumecido, arrinconado, putrefacto de olvido, como en espera de la mano generosa que al fin diga: “Levántate y anda”.

La historia del ferrocarril ecuatoriano se entreteje alrededor de dos etapas fundamentales en la vida de nuestra República: El Garcianismo que inicia tan inconmensurable proyecto y el Liberalismo, encabezado por Eloy Alfaro, que al concluirlo, asume esta empresa como el símbolo de la gran revolución.

Grandes fueron las expectativas que se plantearon los mentalizadores y actores de esta obra. Sus metas de consolidar la costa con la sierra y crear un puente para atenuar el crudo regionalismo que sangraba a la Patria, junto a los intereses económicos y comerciales, fueron en gran medida alcanzadas por todos los cambios que el ferrocarril trajo a habitantes y pueblos enteros, quienes, sin darse cuenta, vieron evolucionar sus existencias en lo social, político y cultural.

El paso del tren no fue una simple obra de vialidad; su construcción transformó el sentido mismo de las comunidades por donde transitaba generando una nueva visión que produciría vastos cambios para la vida del país. El comercio entre las regiones costeña y serrana aceleró el crecimiento económico y fue el eje para terminar de llevar al país a la modernidad. Su construcción favoreció además la disminución de gran mano de obra concierta que trabajaba en las haciendas que se transformó en asalariada al involucrarse en la construcción de la obra. La misma afirmación de “El tren más difícil del mundo” calificativo alusivo al tramo de “La nariz del diablo”, ha creado un imaginario que va más allá del medio de trasporte. El tren ecuatoriano fue un filón de esperanza, una ojeada a un proyecto prometedor que no pudo ser presente y peor aún futuro. Su idea todavía ronda en el inconsciente colectivo como una vaga alegoría de un país con nuevas preocupaciones.

En cuanto a nuestro ámbito local, la llegada del tren a Riobamba el 24 de julio de 1905, desde el ramal de Luisa, es motivo de desazón para los habitantes de nuestra ciudad que se sintieron excluidos del progreso que traía el mundo ferrocarrilero. En su recorrido entre Quito y Guayaquil, el tren no pasaría por la Sultana de los Andes sino por un ramal al que se consideró “ignominioso”. Se inicia así una continua lucha de chimboracenses y riobambeños en busca de la cara aspiración para convertir a Riobamba en estación central y no únicamente de paso. Esta lucha contó con el apoyo efectivo de muchos medios escritos que jugaron un papel decisivo para la consecución de tan ansiada conquista. El historiador riobambeño Franklin Cepeda Astudillo, en su artículo “Riobamba: prensa y ferrocarril”, publicado en el libro “El ferrocarril de Alfaro, El sueño de la integración” del Taller de Estudios Históricos y la Corporación Editora Nacional, realiza un novedoso balance del papel que tuvo la prensa escrita de la época, que en medio de sus limitaciones supo velar por los intereses de la ciudad. Importantes impresos como La defensa, Los Andes, El Día, El Observador, El Derecho, La Razón, y entidades cívicas como la Junta Patriótica, constituida el 18 de junio de 1905, figuraron como las principales avanzadas que se constituyeron en pro del ferrocarril”

La lucha constante tuvo su recompensa cuando el 8 de julio de 1924 llega a Riobamba el primer tren por la vía rectificada. El acontecimiento no fue aclamado con efusividad; aún existía la intranquilidad porque los rieles de San Juan Chico a Luisa aún no eran retirados. Archer Harman Shunk, Presidente de la Compañía, y pasajero de aquel tren, se comprometió al levantamiento definitivo del ramal. El compromiso se cumple cuando el mismo Harman en la denominada “Procesión del riel”, trae el primer riel que se levanta en Luisa, el mismo que se deposita en el Concejo Municipal, en medio de importantes festejos que se prolongaron por varios días.
Desde diversas perspectivas, muchas personas plasmaron en obras este sentir que nace entre rieles y durmientes. El tren no pasó únicamente por ciudades y poblados. Su encanto recorrió por vidas enteras que no lo olvidaron y quisieron dejar para la historia el legado de una página de la Patria que no debe arrinconarse en las telarañas del olvido. Alberto Larrea Chiriboga. en su poema “ferrocarril trasandino” publicado en junio de 1908, en la revista Nariz del Diablo, lo exalta como “el formidable monstruo de azulada cabellera, el fiel centinela, la boa que salva abismos y rompe nieblas, el bravo guerrero, el conquistador de incógnitas regiones”.


En Riobamba, el Sr. Raúl Heredia Pineda, técnico mecánico jubilado y antiguo trabajador del ferrocarril, nutre el legado de recuerdos ferroviarios con la construcción a escala de una locomotora a vapor; un formidable diseño fruto del ingenio, el conocimiento, la paciencia y entrega de quien, al confiar en sus habilidades, demostró allá en el año de 1966 que los técnicos ecuatorianos estaban a la altura de los mejores especialistas de la época.

Raúl Heredia Pineda, nacido en Riobamba el 20 de julio de 1938, padre de 5 hijos, casado con Ana Cevallos Paredes, desde su domicilio ubicado en Junín y Uruguay, atendió gentilmente la entrevista realizada en días anteriores a esta publicación, y nos contó los pormenores de la construcción de la locomotora en miniatura a la que asignó el número 60.

¿Sr. Raúl Heredia, cuál fue la principal motivación para la construcción de este tren a escala?

Alrededor del año 1956 ingresé a la empresa de Ferrocarriles Ecuatorianos, como ayudante del departamento de AIRE, en la ciudad de Riobamba. Para 1959 pasé a trabajar en los talleres de Durán, donde fui protagonista en la construcción de la locomotora # 14, en la misma que se utilizó mano de obra ecuatoriana para la construcción del 75% de esta máquina. El 14 de agosto de 1960 esta obra entra al servicio del país, pero son otras las personas que se apropian de este trabajo y hasta se desconoce el esfuerzo de quienes realmente trabajamos. Producto de este revés, me propuse el reto de construir una locomotora en miniatura que funcione a vapor como las verdaderas, para de esta manera demostrar mi técnica, capacidad y conocimiento. Es por eso que a mi locomotora la bautizo como la número 60; es una locomotora a vapor y a escala existente en el país.

¿Qué tiempo duró la construcción de su proyecto?
Este proyecto que se constituyó un reto personal, asumió todas mis horas de ocio, sábados, domingos; un promedio de cuatro horas diarias, muchas noches que abarcaron alrededor de cinco años, desde 1961 hasta 1966, donde de manera minuciosa elaboré cada pieza de la obra que hoy comparto con todos quienes tengan la afición por los ferrocarriles.

¿Cuáles fueron los materiales empleados?
La locomotora está construida en su totalidad con diferentes tipos de aceros, bocines de bronce en sus apoyos donde se generan movimientos, las válvulas de paso, control válvulas de seguridad, llaves, también son de bronce y construidos de forma manual.

¿Otros pormenores de la construcción?
Las piezas constitutivas de los diferentes mecanismos como; brazos, bielas, correderas, vástagos, pines, contrapesos, excéntricas, etc. Son hechos a escala y de medidas exactas, caso contrario no funcionarían los mecanismos; cada una de las piezas que construí tiene diferentes grados de dificultad, requiriendo tiempos para la construcción. Al no poseer maquinarias y equipos o un taller de precisión, las construí casi en su totalidad en forma manual; utilicé herramientas básicas como entenalla, yunque, juego de limas, sierra, taladro y otras herramientas manuales que hacen más meritorio mi trabajo.

¿Alguna anécdota relacionada con su obra?
En la fase final de la construcción de mi locomotora, con motivo de la posesión de la Junta Militar, vinieron reporteros de otros países. Un compañero de trabajo trajo a uno de ellos, un periodista del Herald Tribune de Chicago, Sr. Clay A. Taylor; éste, por coincidencia, era ex ferroviario y al ver mi obra en miniatura se sorprendió de buena manera. Supo valorar mi trabajo y motivarme para culminar con su construcción, además tomó varias fotos que fueron publicadas en la Revista LIFE.

¿En términos económicos, en cuánto se valoraría su obra?
Muchos coleccionistas de otros países han venido con interesantes propuestas, pero mi deseo es que esta construcción permanezca en el Ecuador y sobretodo en mi ciudad de Riobamba. En este proyecto están invertidas 7.500 horas de trabajo que de acuerdo al cálculo bordearían los 120.000 dólares.

¿La elaboración de este tren ha logrado algún tipo de reconocimiento?
Mi obra fue presentada en el Paraninfo del Hospital Andrade Marín, antes de que funcione el hospital. Algunas instituciones en Riobamba también reconocieron mi trabajo. Obtuve además el Primer Premio al Concurso Artesanal en la XXVI Feria Exposición Nacional. Tengo otro premio que me enviaron de Estados Unidos, la Revista Life, que en aquel entonces realizó un documental sobre este trabajo.
Como un dato adicional. El año anterior, dentro de las celebraciones abrileñas, la locomotora se exhibió en el Salón de la ciudad y era uno de los puntos del programa a presentarse ante el Presidente Rafael Correa, quien en última instancia no llegó.

¿Qué aspiración tiene para su locomotora?
Pese a la varias propuestas que existen para llevarse la máquina al exterior, especialmente a Filadelfia, que es donde fabricaban estas locomotoras, mi deseo es que esta máquina se quede aquí donde nació. Que se quede aquí en Riobamba que es mi ciudad.

¿Cuál es su opinión sobre la importancia del ferrocarril para nuestro país?
Es una arteria principal que genera trabajo, comercio, crecimiento. Para nuestra ciudad es una necesidad vital por la gran demanda turística que tenemos. El turismo representa un gran ingreso económico, en nuestro caso debería aprovechar todas las bellezas naturales que tenemos. Y como nos acercamos a las festividades abrileñas, es necesario que los riobambeños insistamos en la pronta recuperación del ferrocarril para nuestra ciudad, por considerarse un elemento que puede aportar grandemente a nuestro desarrollo.


Para cerrar este diálogo, Don Raúl Heredia se despide con la pesadumbre de mirar como en nuestro país se desconoce el talento, pero con la esperanza de que el monstruo de acero vuelva a surcar las empinadas laderas andinas y las vastas llanuras de nuestro litoral en un abrazo de integración nacional y hospitalidad para con turistas nacionales y extranjeros.