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martes, 29 de diciembre de 2009

EL FANTASMA DE LA JUSTICIA

Tan difícil definir la justicia. Aquella palabra que hoy más que nunca, suena y resuena en la boca de politiqueros mentirosos, quienes por arte de encanto en épocas de elecciones descubrieron que en nuestro país reina la injusticia. Se entiende por justicia a una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Se dice que es el conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene; o es también aquello que debe hacerse según derecho o razón.

Incontables movimientos de poca y gran escala se han originado alrededor del planeta y de las épocas con el fin de alcanzar la justicia: predicadores, líderes, filósofos hablan de ella como la meta ideal, el horizonte humano a conquistar; pero, hasta qué punto el sentido del ser natural puede imprimir en su existencia el sello de la equidad. Por experiencia sabemos, que aquello que resulta bueno para unos, termina siendo nocivo para otros. La sentencia o juzgamiento de un llamado “culpable” recae sobre el más inocente y se expía a quien en esencia es el lejano culpable.

La sociedad juzga a los hombres pero nadie juzga a la sociedad que los forma. Sentenciamos a la prostituta, al delincuente, al mendigo, al loco, al suicida, pero nadie juzga a los manipuladores de la conciencia colectiva que asesina con una descarnada publicidad donde aprendemos: “si no tienes dinero no vales”. Nadie juzga a quien elegantemente trafica con los recursos naturales de un pueblo, (sería interesante saber a donde se destinarán los dineros que se obtendrán en esta nueva bonaza petrolera); nadie responde por daños ecológicos, deterioro del medio ambiente, robo de especies animales o vegetales. Lucen en la impunidad tantos casos de mala práctica médica, verdaderos asesinatos que parecen no interesar a ninguno. Tantos empleados de empresas públicas y privadas son arrojados al desempleo luego de años de servicio con indemnizaciones miserables, paupérrimas pensiones (no olvide que el Magisterio Nacional es la rama profesional menos reconocida, pese a la importancia que la educación debe tener en todo ámbito social). Ancianos a quienes se lo trata de “viejos” como estigma de inutilidad o estorbo, luego de haber bebido su juventud que en mayor o menor escala fortaleció la sociedad en su momento. Profesionales de alta calidad, pero, desempleados por no tener “padrinos” que los ubiquen en un cargo donde por lo general se encuentra gente sin la preparación debida.

¿Existe acaso la justicia? ¿Tenemos realmente lo que merecemos (sea esto bueno o malo)? ¿Es justo sentir o saber el hambre de tantos niños y niñas en nuestro orbe mientras en muchos sectores del mismo mundo se dilapidan fortunas en lujos exorbitantes? ¿qué tan real es la aplicación de la ley que en unos casos condena acciones no justificadas pero hasta cierto punto necesarias como el robo de comida; y en su opuesto premia con indultos, rebajas de pena, a gente que ha saqueado fortunas, torturado, asesinado o quebrado las aspiraciones de una comunidad entera? ¿Es justo premiar el don maravilloso de la vida con la muerte?

La existencia es una constante interrogante; la justicia es la búsqueda de aquella respuesta a un mejor modo de ser y de vivir. La primera justicia es la paz interior de sentir que hacemos lo correcto. Ser leales a nuestros sentimientos, a nuestras aspiraciones sin dañar la integridad de otros seres humanos. Luchar por las grandes conquistas sin arrasar o pisotear lo que se interponga en nuestro paso. Mirar la luz sabiendo que es para todos y no un privilegio individual. Creer en uno mismo y a pesar de todas las contradicciones que se dan en los ojos de otros, estar dispuestos a dar todo por el ideal que buscamos. No podemos crear, ni hablar de justicia si antes no somos justos con nosotros mismos.