Al fin las
autoridades parecen considerar el contenido burdo e inapropiado que presentan
ciertos programas a través de la televisión nacional. Han pasado años
desde la publicación de un artículo personal titulado “La pareja feliz”, donde
expresaba lo que hoy el defensor del pueblo: Ramiro Rivadeneira, calificó como
"repugnante". Este epíteto, quizá en extremo hiriente, devela el
sentir de cuantiosos televidentes expuestos a una violencia que se cola a
través de la pantalla en desmedro de la calidad artística, el respeto y la
tolerancia.
El humor es un
elemento necesario para el bienestar humano; fomenta relaciones
interpersonales, confiere sosiego en
medio del esplín cotidiano; pero cuando este humor proviene de la burla hacia
nuestros semejantes, cuando la risa que provocamos nace de la humillación o el menoscabo
a la integridad de otra personas, este deja de ser tal para convertirse en un componente
de agresión social.
Programas
televisivos como: ‘Vivos’, 'La pareja feliz', 'Mi recinto', 'Los compadritos',
por citar algunos ejemplos, no puedan salir del anodino círculo del chiste de
doble sentido, la alusión sexual o la discriminación. Es preocupante que sus
guiones, tan repetitivos y mediocres, siempre incurran en el desmedido uso de
la sensual figura femenina como medio único para atraer a la teleaudiencia.
Esto refleja la pobreza creativa de sus productores, quienes consideran a su
público como ente ignorante e incapaz de
divertirse mediante un humor fino e inteligente.
No buscamos
menospreciar la labor del actor nacional, mas, un sano humor no puede fundamentarse
en la violencia ni la segregación. Las conductas que estos programas, mal llamados
cómicos, trasmiten son replicadas por jóvenes y niños en los centros educativos
o en el seno de las familias donde observamos comportamientos basados en los
estereotipos de estos espacios televisivos. Muchos adolescentes consideran que
la burla, el sarcasmo, la agresión sicológica dotada de insultos, apodos,
discriminación de género, es una forma de diversión y esta es causa para los
amplios casos de bullying suscitados dentro de nuestras comunidades.
No es pertinente
para una sociedad culta el tener como referente a personajes burlescos que fomentan
la ignorancia en lugar de favorecer la cultura. Posiblemente se dirá que estos
programas solo buscan entretener y no educar, pero, los medios de comunicación,
quienes permiten la difusión de estos contenidos, no pueden apartarse de la irrenunciable
responsabilidad de orientar y velar por el bien de la ciudadanía. Somos
responsables de la formación integral de nuestras generaciones menores, que
ciertamente son bombardeadas con grotescos mensajes de todo género, pero si al
menos frenamos en algo este tipo de violencia, ya habremos contribuido para
mejorar el contexto que vivimos.
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